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Cuando en el año 2000 asumimos esquematizar y presentar al gobierno de turno nuestra Visión de Desarrollo Integral Sustentable, comprendimos que no se trata de una tarea economicista reducida

Es una compleja estrategia política, económica, social y medio ambiental, necesariamente en adhesión y compromiso con la sociedad en general y en particular de sus dirigentes. Conózca aquí la tesis que sustenta nuestra Visión de Desarrollo.

Junta Ejecutiva

Mensaje de fin de año del

Presidente de la Unión Industrial Paraguaya

Lic. Gustavo A. Volpe



Al finalizar un nuevo año, que trajo para la Unión Industrial Paraguaya la conmemoración de su 75° aniversario, resulta oportuno ratificar los valores y principios que han constituido la columna vertebral del accionar de nuestro gremio a lo largo de las décadas.

Ante todo, aun representando a un sector particular de la sociedad, el de los industriales, la UIP cree firmemente en la conciliación armoniosa y en la necesidad de congeniar entendimientos entre los diferentes actores de la sociedad,

Valoramos a los distintos protagonistas del quehacer social porque creemos que, persiguiendo sus propios fines, ellos contribuyen al bien de la patria, siempre que valoren el pluralismo y respeten las diferencias inherentes a la democracia.

Por eso, la UIP se está convirtiendo en la casa de todos, porque nos esforzamos a sintonizar la pluralidad de ideas y por sobre todo nos inclinamos a debatir con fundamentos, y  a trabajar con tesón y desvelo. En la medida en que comenzamos a mirar juntos hacia adelante, los puntos de conflicto se tornarán cada vez más difusos, inexistentes.

Creemos en la capacidad productiva del país, y creemos que el desarrollo es alcanzable, realizable y que tiene que llegar para todos, sin exclusiones.

Considero que para abrazar las oportunidades que se nos presentan a nivel internacional y encarar los desafíos de un entorno global competitivo, los empresarios paraguayos estamos empezando a creer en nosotros mismos, en nuestro ingenio, en nuestra capacidad asociativa y en nuestra determinación para poner la carga en nuestro hombro –como siempre lo hacemos-, para afrontar las asignaturas pendientes y salir siempre a flote.

Tal tiene que ser nuestro compromiso, pues no podemos pasar a crear sin antes comenzar a creer.

En este esfuerzo mental que debemos embarcarnos, tenemos que comenzar a creer en nuestra Patria, en este bendito país que nos acoge con riqueza en abundancia.

A pesar de que los paraguayos somos a veces críticos implacables de nuestro país y de nuestra gente, el Paraguay despierta en el exterior más asombro y entusiasmo de lo que nosotros mismos nos atrevemos a expresar.

Un rasgo sumamente valorado en la comunidad internacional, y en especial en la de negocios, es que, a lo largo de varias décadas, el país se ha caracterizado por tener un entorno previsible y confiable, ofreciendo incentivos apropiados para el desenvolvimiento del sector productivo.

A este capital lo tenemos que proteger, no podemos dejar que la estabilidad macroeconómica se vaya de nuestras manos. Un uso discrecional de los recursos públicos puede terminar corroyendo la previsibilidad y desmoronando las reglas de juego.

Por eso hemos expresado nuestra preocupación ante propuestas presupuestarias que amenazan con desmoronar el equilibrio fiscal tan arduamente logrado y mantenido.

Vemos con buenos ojos que la conducción monetaria haya sabido acompañar la evolución de los ciclos económicos, por medio de sus instrumentos monetarios y las medidas macro-prudenciales que  buscan fortalecer aún más la solvencia de los bancos y financieras.

En Paraguay tenemos que apuntar con insistencia a la elaboración  de un plan económico que busque el desarrollo del país en un marco de inclusión social, por medio de la equiparación de las oportunidades y el acceso a los bienes públicos de calidad.

No hay nación alguna que haya alcanzado el bienestar de sus ciudadanos por arte del azar o por la mera suerte. En todos los casos, la provisión de educación con calidad, de salud oportuna, de seguridad y de los otros bienes públicos, proviene de la inteligencia y del esfuerzo tanto de las políticas públicas como de la capacidad de agregar valor del sector productivo.

No creemos que debamos dejarnos atrapar entre las falsas opciones de privilegiar el crecimiento económico mediante la competitividad, o enfatizar las políticas de inclusión social, como algunos insinúan desde extremos opuestos. En la medida en que el sector productivo sea poco competitivo, el bienestar de la sociedad tiende a ser bajo, y a la vez, bajos niveles de inversión social implican niveles desventajosos de competitividad productiva.

Creo que la discusión no debería centrarse en la paradoja del “huevo y la gallina”. Es decir, si primero necesitamos competitividad o si primero necesitamos mejores políticas públicas.

Más bien, el abordaje debe ser integral, y  ser considerado un problema de doble vía. Es necesario encarar ambas dimensiones con inteligencia.

Lo peor que podríamos hacer es burocratizar el Estado y paralelamente aplicar medidas restrictivas en perjuicio de la competitividad del sector privado.

Lo más nefasto que podría ocurrir sería simultáneamente tornar menos competitivo al Estado y al mercado, pues la deficiencia de uno incrementa la de otro, en un círculo perverso y dañino.

Creo que hemos llegado a un punto de entendimiento de que para potenciar el sector productivo de Paraguay tenemos que repensar el papel de la industria.

A pesar de que se habla hoy de la primarización de la economía, y del crecimiento explosivo de los servicios, somos de la convicción de que la industria es parte de la respuesta a la necesidad de alcanzar el desarrollo inclusivo y sostenible. Un tejido fabril sano, pujante y vigoroso ofrece creciente y sostenible nivel de posibilidades laborales, a la par de generar divisas para el país.

Este año, la manufactura de origen industrial generará aproximadamente 550 millones de dólares en concepto de exportaciones, implicando un incremento interanual aproximado del 40%. Si adherimos los envíos al exterior del sector cárnico industrial y del sector aceitero, la cifra superará los 2.380 millones de dólares.

Para afianzar la industria, el único camino disponible es competir con calidad, diseño, marcas, innovación y tecnología. La única estrategia posible es diferenciar los productos, abastecer el mercado local, y acceder a los mercados más competitivos.

En esta visión, tenemos que situar a la innovación en el centro del debate. En la medida en que midamos y localicemos las necesidades de innovación de las unidades productivas del país y encontremos las soluciones a dichos requerimientos en el ámbito local, podremos comenzar a dar saltos cuantitativos y cualitativos significativos.

Es cierto que en esta mirada de largo plazo no podemos dejar de enfocarnos en el plazo cercano.

El 2012 ya deja entrever algunas luces amarillas. Se percibe una expectativa de menor crecimiento económico, fruto de la debilidad financiera y económica de los países desarrollados, que ya han transmitido cierta flaqueza a los emergentes.

Uno de los riesgos para el próximo año, que se intensificará en forma mayúscula, es que la crisis global derivará en una invasión de productos importados. Existe un riesgo de agresividad del comercio desleal, al que no podemos hacer la vista gorda. Tenemos que defender a toda costa al mercado local de la competencia desleal.

En el 2012 es nuestra obligación y compromiso exigir rigor a las políticas defensivas del país. Pero también, en el próximo año tenemos que blindar al país de las turbulencias externas. El blindaje será todo un reto porque la billetera fiscal está altamente comprometida con gastos corrientes.

La forma más certera de blindar al país es con gasto en inversión, preferentemente en inversión orientada a la conectividad del país. ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo destinar crecientes recursos financieros a este sector con una creciente debilidad fiscal?

Coincidimos en la UIP de que el único camino posible es por medio de las inversiones del sector privado. Paraguay necesita de la ley de concesiones para que el sector privado ponga parte de su grano de arena y libere al Estado para que este pueda destinar sus recursos para garantizar los gastos sociales con calidad.

Creo que es la única forma de blindar al país de un problema coyuntural, que resuelve a la vez un problema de índole estructural y de largo plazo.

Pero también debemos librarnos de esa mentalidad que ve como una amenaza la incursión del sector privado en la provisión de bienes y servicios públicos, como si ello amenazara la soberanía o la gobernabilidad del país. Hemos visto que proyectos encomiables han naufragado por la obcecación de políticos y sindicalistas, que pretenden conservar privilegios y negociados bajo el aparente control del estado, pero en verdad carentes de transparencia y de todo control social.

Si pensamos y obramos en conjunto, Estado, sector privado y sociedad civil, seremos capaces de gestionar la excelencia para alcanzar un crecimiento agregando valor, permitiendo el desarrollo humano de cada persona que habita este bendito país.

Nuestros buenos propósitos para el año que está próximo a iniciarse, no se limitan a custodiar la prosperidad económica, sino que se amplían a todas las dimensiones de nuestra vida, empezando por nuestras familias, nuestros amigos, nuestras relaciones sociales y todos aquellos vínculos que nos unen. Por eso, estas celebraciones, religiosas o profanas, deben ser una renovación de lo que los romanos llamaban la “afectio societatis”, la determinación de permanecer unidos y de buscar en común el bien de todos los paraguayos.

Que el pesebre de Belén, el árbol navideño y la mesa familiar nos congreguen en ese espíritu, bajo la protección del Dios en quien creemos y de su Divino Hijo.

G.V.